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El arte, la educación, la naturaleza y la sanación son mi inspiración.

Soy una mujer puertorriqueña de 26 años, del pueblo San Lorenzo. Desde pequeña estuve interesada en las actividades creativas; disfrutaba las tareas de recortar y pegar, dibujar, pintar y participaba en cuanto baile de la escuela surgiera. En high school viví el struggle de encontrar algo que me llenara para estudiar.  Me fascinaba reusar ropa de mi abuela y crear outfits, sin embargo, la idea de dibujar ropa y reinventar fue lo que me convenció de iniciar Diseño de Modas en la universidad. Sólo duré un año, pues no me gustó la costura y no me encontraba en ese espacio.  Cuando ingresé a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras a estudiar arte, la diversidad en las Humanidades me voló la cabeza, y terminé un Bachillerato Multidisciplinario en Bellas Artes.

Estando en la universidad, me obligué a crear mucho por cuenta propia, a buscar qué cosas me gustaban, haciendo comisiones que me pedían por Instagram. En una ocasión fui a hacer la entrega de un trabajo al dueño de una floristería y en el estacionamiento vi una pared blanca larga. Le pedí permiso para hacer mi primer mural floral, yo llevaría las pinturas y materiales, solo quería experimentar y retarme. Lo amé, me encantó pintar flores y pintar en gran formato. Desde ahí comencé a ver en las flores una posibilidad creativa GRANDE. Estuve dibujando y pintando flores comunes como por un año, hasta que me entró una ansiedad por querer hacer arte con propósito, flores con propósito, no pintar por pintar.

Me pregunté, si en Puerto Rico existían plantas en peligro de extinción. Encontré que hay 78 especies cobijadas bajo la Ley Federal de Especies en Peligro de Extinción, 49 de estas eran plantas, así que, si esa era la realidad en una Isla tan pequeña, la cifra mundial sería una locura, y así es. Por eso en marzo del 2017 parí Flora pa’l corazón, un proyecto creativo inspirado en la flora en peligro de extinción, que rinde homenaje a la naturaleza y su conservación. Trabajo basándome en los datos que ofrece la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, con creatividad y pasión.  A parte de mi proyecto, trabajo como maestra de arte de niños y jóvenes entre 6 a 18 años en Boys & Girls Clubs de Puerto Rico en San Lorenzo, donde encontré la necesidad, el poder y el valor de usar el arte y el desarrollo de la creatividad como herramientas de sanación.

 

"Encontré la necesidad, el poder y el valor de usar el arte y el desarrollo de la creatividad como herramientas de sanación."

Boys & Girls Clubs de Puerto Rico en San Lorenzo es un espacio en que el casi 80% de nuestros participantes viven bajo el nivel de pobreza. Muchos de estos niños pertenecen a familias con núcleos vulnerables, muchos han vivido experiencias que los dejan marcados desde su corta edad y nuestra organización les ofrece programas para desarrollarlos como líderes, en áreas tanto personales como profesionales. Es aquí donde vi la oportunidad de usar el arte como herramienta para ayudarlos a canalizar, a soltar emociones y a sanar sus procesos diariamente.

 

 

En este proceso de ayudar a otros, yo también encontré sanación. Es aquí donde empiezo a entender “la sanación fundamental”. Cuando hablamos de sanación pensamos en dolencias físicas, en episodios tristes o violentos. También pensamos en sanación como una cuestión lejana, abstracta o muy compleja de alcanzar en base a nuestras experiencias. Sin embargo, yo veo la sanación con un poder mucho más amplio, que abarca detalles de nuestro día a día, pues, en el diario vivir constantemente modificas, enfrentas situaciones que crean choques y que no necesariamente “sentimos”. Por eso debemos crear espacios, diarios, conscientes para nosotros, para sanar. Nuestros sentimientos, nuestra salud mental son contagiosos, si en el diario vivir puedo sanar algo, podré contagiar de esto a otra persona. Imagínate que esto se convirtiera en una cadena, en la cual todas y todos trabajamos la sanación diaria, sanaríamos de forma colectiva y crearíamos una comunidad de personas conscientes y emocionalmente llenas de luz.

 

"Nuestros sentimientos, nuestra salud mental son contagiosos, si en el diario vivir puedo sanar algo, podré contagiar de esto a otra persona."

Estoy agradecida de estar donde estoy, de haberme arriesgado, de que hago lo que hago y de cada persona que me encuentra a mí o a mis flores, es otra persona más a la que llego con la invitación a amar y cuidar la naturaleza.  Reconozco que hay mucho por hacer para continuar concientizando, pero mi propósito con Flora pa’l corazón sigue y eso es lo que me mantiene enfocada. Constantemente, me recuerdo que soy capaz, que trabajar duro es clave, pero que también es válido y necesario el descanso para disfrutarme el camino y no fundirme. El camino nunca, pero nunca es tan fácil como lo visualizo, pero el proceso es poderoso y el resultado aún mejor.  El arte y el propósito de crear sanación mueven mi vida; si me sano yo, ayudo a alguien a sanar, nos sanamos de forma colectiva y creamos una comunidad más sana.

 

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