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Cuando me convertí en madre, una parte de mí murió. Esto suena dramático, pero es cierto. Me encontré experimentando una especie de soledad que nunca antes había conocido. Allí estaba con mi bebé hermoso y saludable, una pareja amorosa, una familia que me apoyaba incondicionalmente y los medios financieros para quedarme en casa. Sin embargo, caí en depresión, perdí por completo mi sentido de identidad y me convertí en una extensión de mi hijo. La persona que había llegado a conocer a lo largo de los años estaba desapareciendo y sentí un vacío que no tenía sentido para nadie. Me perdí y mi salud deterioró.


No mentiré, me tomó años salir de ese agujero. No fue solo porque estaba privada de sueño. No fue solo porque estaba aprendiendo a cuidar a un bebé. No fue solo porque había cambiado los códigos postales al distrito de la maternidad. También fue porque estaba cambiando y no quería hacerlo y el aferrarme al pasado estaba destruyendo mi presente. Esto me enseñó una lección crítica; a veces, tenemos que dejar ir. Tenía que dejar de lado esa idea particular de quién era para poder convertirme en la mujer que necesitaba ser.

"El aferrarme al pasado estaba destruyendo mi presente"

La maternidad no es todo un arcoiris y una linda decoración infantil. La maternidad es compleja, como un buen vino. Y me tomó un tiempo acostumbrarme, pero al hacer ese cambio, al dejar ir, pude seguir adelante. Decidí plantar una semilla de amor propio en mí y entrar en mi nueva vida. Lento pero seguro, en los años siguientes, me volví a conectar conmigo. Regresé a la universidad a aprender sobre nutrición y salud. Escribí una tesis inspirada en la maternidad, el estrés y cómo abordarlos. Saqué mi maestría en ciencias y decidí comenzar un negocio enfocado en ayudar a las madres a convertirse en la ​​mejor versión de sí mismas en salud. La vida era buena y yo estaba surfeando en una ola alta.

Me gustaría decir que eso fue todo, que después de eso, me elevé como burbujas de champán sin esfuerzo. Pero como sabes, la vida no es una calle que va en un solo sentido.

En el verano de 2019, me entregaron mi brillante diploma, a mis hijos les iba genial, me encantaba ser madre, mi relación con mi esposo era sólida, y me llené de esperanza al establecer mi negocio de nutrición para ayudar a otras mamás ¡Estaba feliz, más allá de lo imaginable, gran parte de esto se debía a que estaba embarazada de mi tercer hijo! Mi segundo acto estaba a punto de comenzar, pero no de la forma que esperaba. Lo impensable sucedió; a las 11 semanas de mi embarazo, murió mi bebé del tamaño de una fresa. Los latidos de su corazón se desvanecieron y con ellos todas las luces.
 

 

Me encontré irremediablemente perdida de nuevo. Experimenté dolor y pérdida como nunca antes. Estaba cayendo rápido, nada tenía sentido y mi universo colapsó. Quería quedarme quieta por un momento o para siempre. Necesitaba permitirme toda la angustia y las lágrimas. Me sentía rota y no había forma de sacarme de allí.


Me tomó mucho tiempo y para ser honesta, a veces me encuentro en el mismo lugar, pero comencé a ver pequeñas chispas de luz. La semilla del amor propio que había plantado años atrás comenzó a florecer nuevamente. Y al igual que el duro invierno conduce a la primavera, comencé a transformarme una vez más. El propósito de mi bebé se fusionó con el mío y me encontré subiendo de nuevo. Lo logré compartiendo mi historia, seamos sinceros, esto sucede demasiado y no necesitamos apoyar más a este tabú. Busqué y encontré una comunidad que me apoyó. Me preocupé por mí misma como lo hubiera hecho por ese bebé, con mucho amor y paciencia. Me permití pasar por eso, lo que sea que eso significaba para mí. Fui a terapia, comencé nuevas tradiciones familiares, como ir a caminatas juntos y cada oportunidad que tuve honré a mi bebé, a quien llamé Tesoro. Es una hermosa cicatriz que me recuerda amar y estar agradecida todos los días por cada aliento.

 

Sé que la vida fluye como el océano y estoy segura de que enfrentaré otras pérdidas de muchas formas en el futuro. Pero por ahora aprecio a mi familia, mis amigos y mi vida. Soy bondadosa conmigo misma porque sé que merezco bondad. Me inspira el camino que descubrí en la maternidad. Escribí: “Radiant Mommy” un libro para mamás que quieren encontrar equilibrio. Y aquí estoy, un poco rota y remendada, pero con esperanza y siendo dueña de mi poder como mujer y madre.

Creo que el proceso de pérdida esconde dentro de sí misteriosos regalos; ya sea que se haya perdido un ser querido, un trabajo, una oportunidad o un Tesoro, manténte firme con amor y luz. En tu hora más oscura, ese amor y esa luz serán tu guía.

"El proceso de pérdida esconde dentro de sí misteriosos regalos"

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