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Raquel Cuperman

Desde que recuerdo, los libros han sido mi refugio. A ellos llegaba cuando me sentía sola, cuando me daba cuenta que en casa las cosas no andaban bien; cuando me quedaban unos pocos minutos de ocio, paz y tranquilidad. ¡Me hubiera encantado haber nacido unos 20 años más tarde para gozar de toda la literatura infantil que se abrió paso más adelante! Qué envidia con los niños y jóvenes de hoy en día que pueden leer tantos autores internacionales maravillosos y sus respectivas traducciones al inglés y/o al español.  Qué delicia ver los libros álbumes hoy en día y apreciar las distintas técnicas de ilustración. Yo vivía fascinada con las historias de los cinco hermanos de Enid Blyton y todo lo que consiguiera de la estadounidense Judy Blume.

Ahora que lo pienso he debido estudiar Literatura o Filosofía pero terminé eligiendo, por circunstancias del momento y hasta presiones familiares, la carrera de Nutrición y Dietética. Confieso que ejercí muy poco tiempo mi profesión, pero a ella le agradezco mi rigidez por encontrar evidencias reales en todo lo que hago todos los días, el analizar y buscar los porqués, el ejercicio continúo de la investigación y el aprendizaje permanente.

Cuando nació mi primer hijo, volví a los libros. Siempre he dicho que él fue como un duende que me hizo rebuscar en mí lo esencial. Sus eternas preguntas, su curiosidad innata, su necesidad de encontrar respuestas y de cuestionarse con los libros, lo convirtieron en un pequeño duende que me acompañó a encontrar mi verdadera vocación.  Así que enderecé el camino de mi vida y me fui por donde ha debido ser desde el comienzo: la educación. Comencé a estudiar temas relacionados con pedagogía y literatura infantil y toqué las puertas de bibliotecas escolares que me abrieron espacio para “practicar” la intuición y lo que iba aprendiendo.  Lentamente fui estimando más el valor del silencio ante la palabra escrita, la sonrisa que aparece cuando oyes algo que te gusta o te hace recordar, la puerta que se abre cuando lees algo y un chico espera que todos salgan para contarte lo que tiene guardado en el corazón. Llegó una Maestría en Literatura Infantil y Juvenil sobre Libros para Niños con la Universidad Autónoma de Barcelona y muchos otros cursos, diplomados y talleres sobre el tema que fueron surgiendo en el camino. Aparecieron colegas que me mostraron otras maneras de hacer las cosas, jefes maravillosos que imprimieron su huella, respuestas de niños que fueron llenando carpetas de evidencias de aprendizajes lectores, ganancias literarias y libros,… libros y más libros.

 

 

 

 

 

 

Y de repente ese reto fue insuficiente. Trabajar con buenos alumnos es muy fácil: chicos que aman la lectura y leen con gusto, alumnos modelo que dan de que hablar, anécdotas de las que puedes glorificarte frente a otros. Los alumnos más necesitados se escurren de los brazos de los docentes, se pierden entre todos o se convierten en los “problemas” que quieres evitar. Pero, esos son los que más necesitan al docente, la palabra de aliento y el apoyo incondicional. ¡Nunca hay tiempo (o paciencia) para ellos! Entonces, me acordé del poeta Robert Frost y ese poema que debí memorizar de pequeña:

Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,

Yo tomé el menos transitado,

Y eso hizo toda la diferencia.

"Cuando nació mi primer hijo, volví a los libros. Siempre he dicho que él fue como un duende que me hizo rebuscar en mí lo esencial."

 

Tenía que encontrar la manera de contagiar la pasión y la emoción por los libros por fuera de los colegios, con métodos creativos y que realmente impactaran. Empecé dando “horas de cuento” en jardines, capacitaciones a docentes, talleres de padres, recomendaciones, tutorías particulares. De repente un día, apareció la combinación perfecta: perros y libros. Me capacité en lectura asistida con animales y traje READ (Reading Education Assistance Dogs) a Colombia. Un programa absolutamente espectacular que busca que los niños que tienen dificultades lectoras lean a perros especialmente entrenados. El perro ni juzga ni critica, solamente acompaña y su amor, cariño y suavidad hacen que el niño descubra que puede leer tranquilo, que es divertido. Evidencias científicas respaldan el programa pues se sabe que la presencia de animales disminuye los niveles de estrés, las hormonas como el cortisol y la adrenalina y aumenta la oxitocina (hormona del placer). El programa no sólo fortalece el vínculo del libro con el niño, sino que los empodera emocionalmente y les da herramientas sociales para enfrentar sus propios miedos.

Soñar es muy importante, fue soñando que llegué a la propuesta que tengo hoy en día. Creo que sigo soñando todos los días que algún día muy cercano las puertas se abrirán para poder lograr ese sueño.

Veo a los niños cuando descubren un buen libro y siento cómo vuelven realidad sus propios sueños y anhelos. Veo a los niños leer con un perro y sé que están en el terreno del mundo de lo posible, aquel terreno que a veces se les escapa por lo lejano y difícil.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este camino es duro y difícil: hay muchos obstáculos. Por un lado, la  poca credibilidad y la falta de información que hay sobre la terapia y la educación con perros en mi país. Segundo, por los avisos que prohíben el ingreso de perros a colegios, hospitales y otros tantos lugares en mi ciudad. Pero ya entendí que mi función consiste en  abrir y sembrar el futuro para todas las otras personas que van a trabajar en esto después de mí.  

"Veo a los niños leer con un perro y sé que están en el terreno del mundo de lo posible, aquel terreno que a veces se les escapa por lo lejano y difícil."

A veces hay que entender que son los pequeños pasos los que hacen la diferencia y contentarse con cada pequeña rendija que va cediendo. Ya entendí que el éxito no es lo que todos creemos: no es una billetera llena, una foto o una medalla, ni muchos likes en redes. El éxito es saber que se está haciendo algo bien; mi éxito es la sonrisa de un niño que supera su miedo y limitación, el agradecimiento de un padre que ve cambios en la vida. Por eso cada “ohhhs” y “ahhs” de un pequeño que descubre algo en un libro, es un momento memorable.

Todos los días leo, me enamoro de autores, ilustradores y libros y no soy capaz de sacarlos de adentro de mí. También, diariamente agradezco a mi perro Puskas por todo lo que me enseña y deja ver a través de él.

Persevera y entiende que todo grano de arroz cuenta y que nada sucede por casualidad sino por causalidad.

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